La obesidad puede producir morbilidad psicológica cuando una persona sufre consecuencias sociales, psicológicas e incluso económicas por el hecho de ser obesa.
Pocos trastornos son tan visibles a los demás como la obesidad, y aun menos trastornos que generan tanta ridiculización de sus víctimas y condena de parte de los demás (Vázquez & López 2001).
Junto con las consecuencias psicológicas, también se encuentran consecuencias sociales las primeras estrechamente relacionadas con “la insatisfacción del cuerpo y trastornos en la alimentación” y las sociales relacionadas con el perjuicio hacia las personas que padecen de esta enfermedad (Adami & Vasconcelos, 2008).
En el marco de las consecuencias de la obesidad es necesario y fundamental incluir aspectos no solo biológicos y físicos sino también factores psicológicos y familiares que juegan un papel decisivo en las personas que padecen de obesidad.
La obesidad como enfermedad o trastorno producen unos resultados o consecuencias que afectan de manera directa el entorno de las personas que la padecen.
Indudablemente la creación de redes de apoyo es indispensable para los obesos, el apoyo del grupo familiar y social es otro mecanismo de protección extraordinario frente a la adversidad.
Los obesos típicamente responden con vergüenza, pena y culpa. Muchos de ellos, se ven además cargados de un legado de fracasos para controlar su peso, lo que reduce la autoestima y afecta la calidad de vida del individuo (Vázquez & López 2001).
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